¿Pacto fiscal? Del dicho al hecho hay un gran trecho

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Pero ningún sector quiere ajustarse. Ni ricos, ni pobres ni clase media quieren aumento de impuestos. Y el gobierno tiene tanta gente en empleos, contratos y subsidios que está bajo presión para no quitar beneficios.

En agosto de 2016 escribí sobre este asunto y ahora estamos de nuevo ante el mismo tema, aunque en una situación más adversa por la crisis económica de la pandemia.

La Estrategia Nacional de Desarrollo, promulgada como Ley 1-12, estableció la necesidad de firmar tres pactos: educativo, eléctrico y fiscal. Sólo se ha firmado el educativo (de chepa).

Después de una larga lucha social para asignar el 4% del PIB a la educación, Danilo Medina encontró ahí un mecanismo de amplia aceptación para su proyecto presidencial. De candidato en el 2012 firmó con la Coalición por la Educación Digna destinar el 4%, y luego llegó el Pacto Educativo.

El Pacto Eléctrico no tuvo la misma suerte: se discutió y no se firmó, y con el Pacto Fiscal ni siquiera se comenzó.

En la República Dominicana existe la falsa creencia de que para resolver los temas conflictivos se necesita un pacto, un consenso. Como no se logran fácilmente por la confrontación de intereses antagónicos, al final, el gobierno de turno impone la agenda.

¿Cuál es el problema con la fiscalidad?

El gobierno necesita más dinero para subsidiar el Estado corrupto, clientelar, y en tiempos recientes también asistencial. Eso sale caro y es ineficiente. Para ampliar el Estado asistencial hay que ir desmontando el Estado corrupto y clientelar, pero ningún gobierno dominicano, hasta la fecha, lo ha hecho. Por el contrario, cada gobierno aumenta el presupuesto y tiene una cantidad de políticos, activistas y seguidores que demandan bienestar.

Muchas personas viven total o parcialmente del Estado, y también son muchos los que esperan entrar al reparto. Ahí están ahora las demandas de los perremeístas por empleos, con justa razón; han estado fuera del poder mucho tiempo.

En época de crecimiento económico como le tocó gobernar al PLD, es más fácil proseguir con gastos sin hacer reformas dolorosas. En tiempos de estrechez económica, como la actual, la fiscalidad se complica más porque las recaudaciones bajan sustancialmente.

Una verdadera reforma fiscal implica no sólo disminuir o subir impuestos, sino también establecer o desmantelar incentivos a diversos sectores empresariales y eficientizar el gasto público.

Pero ningún sector quiere ajustarse. Ni ricos, ni pobres ni clase media quieren aumento de impuestos. Y el gobierno tiene tanta gente en empleos, contratos y subsidios que está bajo presión para no quitar beneficios.

Por estas razones un Pacto Fiscal es inviable, no importa que lo establezca por ley la Estrategia Nacional de Desarrollo o que el presidente lo promueva.

Los pactos de buena voluntad no existen en política. La política es lucha de poder por intereses contrapuestos. Sólo a veces hay coyunturas favorables al pactismo y ésta no es una de ellas para aumentar impuestos o quitar subsidios. Ahora nadie quiere eso.

Es cierto que el Gobierno Dominicano se ha endeudado y tendrá que endeudarse más por la crisis económica. Es cierto también que si no recauda más para detener la espiral de endeudamiento la bomba explotará eventualmente.

Será entonces cuando el gobierno establecerá impuestos con o sin pacto, y ahí se generará el gran descontento social.

El ojo recaudador ya está puesto en la clase media y los pobres. ¿Cómo? Mediante nuevos gravámenes como se intentaron colar en el Presupuesto de 2021, con el aumento de impuestos al consumo, o con la ampliación de impuestos a productos de la canasta familiar aun exentos.

Así que, se hablará mucho de pacto fiscal consensuado, pero del dicho al hecho hay un gran trecho.

Artículo publicado en el periódico HOY

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