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A lo interno del PRD en Santiago de acrecienta el digusto

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El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) desde su surgimiento a estado matizado por las disputas, las divisiones y rebatiñas entre sus dirigentes.

Las divisiones no son nada nueva en el PRD.
Esta semana más de 50 dirigentes zonales y regionales se reunieron en una finca de un empresario local donde expresaron su disgusto por el no cumplimiento del pacto que se suscribió con Danilo Medina y el PLD.

Expresan esos dirigentes que el asunto no solo es con lo que tiene que ver con la poca inclusión de los cuadros del PRD en el Gobierno Compartido, sino que políticamente, dada la situación del gobierno y del partido oficial, lo mejor es la separación del pacto con el PLD y el Gobierno, “asumir la reagrupación de los perredeistas y peñagomistas, asumir la oposición, encabezar un gran frente que nos coloque al triunfo en el 2020”.

Argumentan que aun año de ese pacto y del Gobierno Compartido, Danilo Medina no ha cumplido ni los temas programáticos subscrito ni la inclusión de la dirigencia media ni de base en el gobierno, por lo que más que bien, ese acuerdo a desunido y creado fisura en la organización.
“Lo más conveniente es el rompimiento con el gobierno y buscar el PRD su reencuentro hacia el 2020”, argumentan los quejosos.

La historia del PRD consigna cinco grandes crisis que han resquebrajado el partido, siendo la primera de ellas la de 1973, cuando uno de sus principales fundadores y líderes, Juan Bosch, se separó de la organización y fundó el Partido de la Liberación Dominicana, estructura política que ha vencido cuatro veces en las urnas a los perredeistas.

Cinco han sido las grandes fragmentaciones sufridas por el partido que fuera fundado en el exilio, en 1939, en plena tiranía trujillista. Aunque no se considera una división en sí, se resalta que en 1962 Nicolás Silfa, uno de los tres –los otros dos fueron Angel Miolán y Ramón A. Castillo- que llegaron al país tras la caída de la dictadura de Trujillo, se peleó con la dirigencia y fundó el Partido Revolucionario Dominicano Auténtico, luego de ser expulsado del PRD por “haberle aceptado a Joaquín Balaguer un nombramiento en la administración pública”, como secretario de Trabajo
En 1973, Peña Gómez queda bajo el control del PRD luego de la renuncia de Bosch, quien dijo para la ocasión que al partido “del buey que más jala” había que “desgarrapatizarlo”.

Esta división fue el resultado de las serias diferencias que fueron ahondándose entre Bosch y José Francisco Peña Gómez desde que en 1970 el ex presidente de la República provocara la abstención del PRD a las elecciones generales.
De ahí en adelante ha habido serias divisiones, conspiraciones internas y constantes incidentes en el PRD.

La última división fue en el 2014 donde expulsaron a Hipolitico Mejía y otros dirigentes, que mantuvo un enfrentamiento abierto y sin cuartel contra Miguel Vargas y su grupo que tomó las estructuras y el liderazgo partidario bajo la consigna del relevo y la adecuación del PRD a los nuevos tiempos.

Ese proceso vino precedido de una intensa pugna interna de tres años, desde el 6 de marzo de 2011, en la que fracasaron decenas de mediadores, entre ellos el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, monseñor Agripino Núñez Collado, el ex presidente de Panamá, Martín Torrijos, y dirigentes de todas las tendencias del PRD.
Definitivamente se fraccionó el partido blanco, los que se fueron crearon el PRM,

Miguel Vargas se quedó con el PRD, resurgió como nuevo líder de la organización, dijo que “trabajare por la unidad de las bases y la apertura del PRD a la sociedad”.

“Desde esta casa nacional, la casa del PRD, la casa de la democracia, que rechazamos la violencia, rechazamos la anarquía, la intriga y sobre todo rechazamos la división, nosotros estamos comprometidos con la unidad de este partido, trabajaremos para consolidar la unidad del PRD porque tenemos un compromiso con los compañeros y compañeras y con el pueblo dominicano”, expresó Vargas Maldonado.

Ahora, el 2017, aliado a Danilo-PLD, tiene Miguel Vargas una prueba de fuego en el PRD, lograr apaciguar las quejas, incluir la dirigencia en el Gobierno Compartido, reorganizar y entusiasmar a las huestes del partido blanco, que muchos se niegan a los trabajos políticos si no le toca algo del pastel de la alianza con los morados.

Quizás eso no dependa tanto de Miguel Vargas, sino de la generosidad del presidente Danilo Medina, que como gran estratega jugará no se sabe si a querer chiquito al PRD o tan grande que llegue al extremo de disminuir al opositor PRM, compuesta su militancia de perredesitas disgustado.

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