Opinión

Anotaciones a mi amiga Rosario Espinal

Tony Raful
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 La reputada poli­tóloga, Rosario Espinal, amiga a quien distingo y admiro, señala­ba con argumentos teóricos convincentes que era prác­ticamente imposible despla­zar del ejercicio continua­do de Gobierno al Partido de la Liberación Dominica­no, si no se producía previa­mente una crisis de carácter económico, en el entendi­do, de que solamente un fe­nómeno de esa naturaleza, desestabilizaría el usufructo del poder de esa organiza­ción. El argumento en tér­minos de ciclos electora­les sugería a nuestro modo de ver, complacencia social de la gran masa de votantes con niveles satisfactorios de sobrevivencia. Hay crisis po­lítica cuando el proceso po­lítico se altera o se rompe el normal funcionamiento del sistema político, generando incertidumbre e inestabili­dad institucional. La crisis política es una crisis de legi­timidad. En abril del 1965 se produjo una crisis políti­ca previamente anunciada por el descontento, la des­confianza y las tensiones, disfunciones y contradiccio­nes que se habían ido acu­mulando hasta desembo­car en un conflicto abstruso, pero no hubo una crisis eco­nómica propiamente. Es­ta tesis explicaría el predo­minio durante 16 años del PLD quien estatuyó una ré­plica de lo que se conoce co­mo el “Estado Benefactor o Estado de Bienestar”, mo­delo de organización social que contempla el compro­miso del Estado para brin­dar servicios sociales a todos los habitantes de un país. El concepto fue acuñado al ca­lor de la política norteame­ricana después de la Segun­da Guerra Mundial. Ante la descomposición material y espiritual que sobrevino en Europa al concluir el conflic­to bélico, hubo la necesidad de poner en práctica, políti­cas de asistencia social com­plementarias, que aliviaran la precariedad material de los pueblos, jugando el Es­tado a una intervención en la economía y sociedad pa­ra una mayor redistribución de la riqueza. Podría decirse que el “Plan Marshall” idea­do por Estados Unidos pa­ra la reconstrucción de los países europeos devasta­dos después de terminada la Segunda Guerra Mun­dial, tenía algunas afinida­des con la idea del Estado Benefactor, pero solamen­te en el hecho, de que aquel plan formidable se hizo pa­ra contener básicamente la expansión del comunismo en Europa, mientras el Es­tado de Bienestar tenía un matiz populista muy defini­do en América Latina, a tra­vés de figuras caudillistas que canalizaron legítimas aspiraciones de una mayor distribución de ingresos, así como participación en la to­ma de decisiones, sin contar las masas con el marco ope­rativo para instrumentar sus propios intereses. Me refiero a Perón como ejemplo por excelencia. Balaguer, admi­rador de Perón, copió el mo­delo después de la guerra de abril de 1965, distorsionado algunos objetivos. El uso de ese modelo le ha permitido al PLD la puesta en práctica de una política social relati­vamente exitosa, cuyo don mágico ha sido la generali­zación de socorro y ayudas. Ahora bien, ¿qué factor des­aloja al PLD del poder, cuan­do no hay crisis económica visible en el país? Los votos del PRM no fueron votos so­lamente de la clase media, una proporción alta de vo­tos alcanzados por Abinader proviene de los sectores más deprimidos. La lealtad de los beneficiarios de nuestra caricatura del “Estado Bien­estar” fue precaria e insufi­ciente. De eso hablaremos en la próxima entrega.

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