Durante años, la avenida Duarte fue un imán de compradores. La afluencia era tal que los vendedores cerraban las puertas de sus establecimientos hasta que salieran los clientes para luego permitir la entrada de quienes esperaban en las afueras de las tiendas.
Los miembros de la Asociación de Comercios de la Avenida Duarte (Asoduarte), en su mayoría pertenecientes a la segunda generación de propietarios, recuerdan aquella época. Sus familiares, casi todos migrantes, levantaron negocios que todavía permanecen en la zona.
Pero de aquella Duarte queda poco.
Para los comerciantes agrupados en Asoduarte, el problema actual no es que llegara una nueva nacionalidad a esa zona. Su principal cuestionamiento es otro. Consideran que el Estado no supo administrar ni regular el crecimiento del comercio chino en el país.
Los vendedores sitúan el inicio de esta transformación en el 2018, con la llegada de nacionales chinos que abrieron nuevas tiendas.
“En un inicio, éramos 116 integrantes. Hoy día, quedamos 15. Lo demás es todo comercio chino”, observa José Luis García, representante de la entidad.
Asoduarte reúne a propietarios de negocios de diferentes tamaños y tipos de mercancías. Para pertenecer a la organización se debe ser dueño de una tienda y tener más de cinco años dentro de la avenida. Incluso cuentan con asociados establecidos en calles perpendiculares a la Duarte.
Antes hubo locales chinos dentro de la asociación. Hoy solo queda uno.
Los comerciantes explican que una de las dificultades para aceptar a algunos de estos negocios es que funcionan en locales alquilados y cambian de nombre con frecuencia. Por ende, no poseen un Registro Nacional de Contribuyentes (RNC) fijo.
Para José Luis García, miembro, la llegada de tiendas con propietarios chinos dinamizó la avenida. Los comerciantes tradicionales, afirma, tuvieron que adaptarse. “Los que quedamos todavía seguimos trabajando”.
Por Norberto Rubio
