Cada vez más firmas especializadas han incorporado este formato ligero a sus colecciones, impulsadas por la demanda de productos que controlen el encrespamiento sin apelmazar el cabello.
Los expertos coinciden en que, utilizadas correctamente, estas brumas pueden prolongar el peinado durante varios días, aunque advierten de que no hacen milagros si la fibra está muy dañada o se aplican de forma incorrecta.
El ´frizz´ se produce cuando la cutícula del cabello permanece abierta y la humedad ambiental penetra en la fibra capilar. El pelo absorbe esa humedad, aumenta ligeramente de tamaño y pierde la forma que tenía tras el peinado.
Durante el verano, este fenómeno se intensifica por la combinación de altas temperaturas, radiación solar, cloro, agua salada y aire acondicionado, factores que deshidratan el cabello y vuelven más porosa su superficie. Los especialistas recuerdan que un cabello sano, bien hidratado y con la cutícula sellada siempre resistirá mejor la humedad ambiental.
A diferencia de aceites, sérums o cremas de peinado, las brumas antifrizz destacan por su textura ultraligera. Se pulverizan formando una película prácticamente imperceptible alrededor de la fibra capilar, cuyo objetivo es reducir la entrada de humedad y mantener la cutícula sellada durante más tiempo.
Muchas incorporan además protección térmica, antioxidantes y agentes acondicionadores que suavizan el cabello mientras lo protegen del calor del secador o las herramientas térmicas.
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que una bruma elimina el encrespamiento por sí sola. Los peluqueros insisten en que el control del ´frizz´ comienza mucho antes, con un cabello correctamente hidratado y una rutina de cuidado adaptada a cada tipo de fibra.
Si el cabello está excesivamente dañado, decolorado o presenta una cutícula muy abierta, la bruma ayudará a mejorar el acabado, pero no resolverá el problema de origen. Por eso, los especialistas recomiendan combinar estos productos con mascarillas nutritivas, acondicionadores y protectores térmicos cuando sea necesario.
La eficacia depende tanto del producto como de la forma de utilizarlo. En la mayoría de las fórmulas actuales, la bruma debe pulverizarse sobre el cabello limpio y húmedo, distribuyéndose después con un peine para cubrir toda la melena de manera uniforme.
Posteriormente se activa mediante el calor del secador. Esa activación térmica favorece la formación de la película protectora que ayuda a repeler la humedad. Los expertos recomiendan que sea el último producto de peinado antes del secado para evitar interferencias con otras fórmulas.
Por Norberto Rubio
