La actriz británica Olivia Colman y el intérprete sueco Alexander Skarsgård conforman un matrimonio atípico en su último filme Wicker (mimbre, en inglés), una entretenida fábula de aspecto medieval, pero con una moraleja extrapolable a la sociedad actual, según desgranan a EFE sus protagonistas en una entrevista en Londres.
La parte de crítica social fue precisamente la que atrajo a Skarsgård al proyecto, y también el hecho de que el mensaje se enfocase de manera ligera, sin sonar didáctico o moralista.
“Hablaba sobre nuestra sociedad, sobre el patriarcado, la institución del matrimonio y sus partes absurdas (…) de una forma muy divertida y eso me encantó”, relata a EFE el actor.
Wicker adapta a la gran pantalla -de la mano de la pareja de cineastas australianos Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson- la fábula de El esposo de mimbre de Ursula Willis.
Llegará a los cines el 30 de octubre, aunque en el caso de España, se presentó primero este sábado en el Festival Internacional de Cine de Sitges, clausurando la cita.
La historia transcurre en una aldea de estilo medieval, en la que todos sus habitantes se identifican por sus profesiones.
Allí, la pescadora (Olivia Colman) supone una excepción y no se ajusta a los cánones, pero harta de aguantar burlas y comentarios groseros, decide pedirle al cestero (Peter Dinklage) que le construya un marido con mimbre (Skarsgård).
La llegada del apuesto hombre de mimbre a la vida de la pescadora, y su apasionada relación amorosa pone en duda todas las convenciones sociales y los roles hasta entonces vigentes en el pueblo.
Colman reflexiona con EFE que su personaje en ‘Wicker’ está condenado por la aldea a ser “la marginada, la maloliente, la fea”, pero eso no la define como persona: “Ella sabe que es bella en su interior y que todo el mundo merece amor. Y ese es un bonito mensaje que tiene la película”.
Skarsgård expone que los aldeanos de la historia están “atrapados” dentro de una jerarquía de estatus y, mientras que el resto de las mujeres de la villa son “moldeadas” por sus maridos y la sociedad, el personaje de Colman actúa de manera autónoma y está con alguien que “la ama por cómo es, que la aprecia y que quiere que prospere, crezca y sea feliz”.
Por Norberto Rubio
