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Cómo cuidar la piel tras el verano

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“La primera recomendación es entender qué necesidad tiene la piel”, explica a EFE Sara García, esteticista y formadora de Maria Galland Paris en España, firma insignia a nivel internacional en el cuidado de la piel desde un enfoque internacional.

Para la especialista, el cambio de estación es también una oportunidad para revisar los cuidados y adaptar la rutina a las nuevas condiciones ambientales.

La exposición solar es uno de los principales factores que explican el aspecto que presenta la piel al finalizar el verano. Aunque no se exponga el rostro de manera deliberada, “las horas al aire libre aumentan durante los meses cálidos y, con ellas, la exposición a la radiación ultravioleta”, indica.

“Después de la exposición al sol en verano, aunque no expongamos el rostro directamente, la melanina se activa, las manchas se oxidan y aumenta la pigmentación”, recalca García.

El resultado puede ser “un tono menos uniforme y una piel que parece más apagada”. A ello se suma la combinación de calor, agua de mar, cloro y cambios en los hábitos de cuidado, factores que pueden alterar la sensación de confort de la piel.

La especialista considera que este es el momento de introducir en la rutina “productos con activos antioxidantes”, aunque siempre teniendo en cuenta las características concretas de cada piel.

La respuesta de García es afirmativa dentro de su recomendación profesional, aunque insiste en que el primer paso debe ser un diagnóstico personalizado. “Nuestra recomendación es pasar por cabina pre y post verano”, explica.

Antes de las vacaciones, el objetivo sería “preparar la piel mediante una exfoliación e hidratación adecuadas”. Después, la finalidad cambia: conocer cómo ha respondido la piel al verano y determinar qué cuidados necesita para recuperar su equilibrio.

“A la vuelta, al tener la piel más asfixiada por el uso de la protección solar y deshidratada a causa de los baños en piscina y mar, es imprescindible visitar una cabina profesional para hacer un buen diagnóstico del estado de la piel”, apunta.

Ese diagnóstico permitiría, según la especialista, establecer una rutina específica y personalizada. La idea resulta especialmente relevante porque no todas las pieles llegan al otoño con las mismas necesidades: una puede presentar principalmente deshidratación, manchas y otra un exceso de grasa.

Por Norberto Rubio

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