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Cómo estimular el aprendizaje de los niños fuera del aula

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El aprendizaje escolar puede complementarse y reforzarse fuera del aula, en casa y en familia, de manera lúdica sin que represente una sobrecarga física o intelectual para los hijos ni para sus padres, y sin la presión de las clases, los exámenes y los deberes, señalan los especialistas en pedagogía infantil.

Hay actividades fuera del entorno lectivo que ayudan a mantener habilidades como la concentración, la curiosidad o el pensamiento crítico de los niños, fomentando que “estudien y aprendan mucho más de lo que creen sin darse cuenta”, y generen vínculos sanos con la familia y la tecnología, según Milana Maliaukaite, psicóloga y consejera estudiantil del colegio Hamelin-Laie International School de Barcelona (España).

Son actividades, algunas muy sencillas como la lectura, que permiten que los alumnos se mantengan activos intelectualmente fuera de las aulas sin recurrir a los deberes tradicionales, que pueden realizarlas solos o en compañía de sus padres, durante las vacaciones, al comienzo y durante el curso lectivo e incluso a lo largo de todo el año, según explica.

Consultada por EFE acerca de qué actividades deben elegir los padres para que sus hijos ´aprendan sin darse cuenta´ y que no generen una sobrecarga física o intelectual en los menores ni en los adultos, la psicóloga de Hamelin-Laie considera “lo más importante no es cuántas actividades realiza un niño, sino sus resultados”.

“Si después de realizar esas actividades el niño termina más curioso y seguro de sí mismo y con ganas de seguir descubriendo, probablemente hemos acertado en la elección. Si termina agotado, aunque haya aprendido mucho, quizá no hemos cumplido el objetivo”, señala.

“Vivimos en una sociedad que premia el rendimiento y la productividad desde edades muy tempranas. Pero el cerebro no aprende por acumulación de experiencias, sino por la calidad del significado que les da. Aprender no consiste en llenar la agenda, sino en despertar el deseo de seguir haciendo preguntas”, apunta.

Por eso, Maliaukaite recomienda a las familias que “elijan aquellas actividades que respeten la personalidad, los intereses y el momento evolutivo de cada hijo” ya que “no todos necesitan lo mismo, y educar también significa aceptar que el desarrollo no es una carrera”.

Por otra parte, asegura que “el componente lúdico es esencial en una actividad, no porque el aprendizaje deba ser siempre divertido, sino porque el juego permite experimentar, equivocarse, colaborar y perseverar sin miedo al error”.

“En educación sabemos que la curiosidad activa mucho más el aprendizaje que la obligación”, enfatiza.

Esta psicóloga educativa considera que la misión de un colegio no es formar alumnos que dependan siempre de un adulto para aprender, sino personas que desarrollen la confianza para seguir aprendiendo durante toda la vida.

Por Norberto Rubio

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