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Cuando se cierra la puerta….puedo ser yo

Cuando intentamos vivir de una manera poco auténtica, siempre somos nuestra primera víctima, ya que, en definitiva, el fraude va dirigido contra nosotros mismos

(Nathaniel Branden)

¿Quieres ser auténtico o quieres ser perfecto?, puede resultar fácil responder esta pregunta y un tanto difícil ponerla en práctica. Actualmente, se nos dice que debemos hacer, como vestir, que comer, como ser exitoso, lo mejor para la salud y hasta como debemos ser interiormente. Cómo conseguir pareja y hasta los truquitos para retenerla, cómo educar a los hijos, las profesiones adecuadas, donde estudiar, qué hacer para ser buenos padres, la mejor madre del mundo mundial, los hijos perfectos, el empleado ejemplar, la cantidad de hijos que es recomendable tener para que tengan calidad de vida, la edad para casarse, el tiempo perfecto de una relación de noviazgo, lo que te hace mejor ser humano, como deben ser nuestras relaciones interpersonales, el cuerpo que debe tener toda mujer para que sea y se sienta hermosa, entre otras cosas que nos presenta la sociedad.

Aunque cueste creerlo, tenemos un manual de cómo vivir una vida perfecta, donde lo importante es ser feliz, alcanzar metas, lograr sueños, ser una persona exitosa y con una capacidad de resistencia increíble. Pero, lo que no se advierte en este manual, es que no todo es color rosa, no todos nos ajustamos a esas normas, no todos tenemos la habilidad de seguir al pie de la letra las instrucciones, no todos somos iguales y ¿sabes por qué?- porque somos distintos, únicos, con historia familiar y estilo de aprendizaje diferente. Con virtudes y defectos que forman nuestra personalidad, con valores morales y espirituales desiguales y todo eso nos lleva a diferir en nuestra manera de pensar, actuar y vivir la realidad.

Lamentablemente se nos va educando así, y se olvida que el ser humano es y tiene que ser distinto, con el derecho de ser quien quiere ser. De la misma manera se le empuja, se le encamina para que viva y conviva con ese manual, por lo que se olvida de quien es realmente. Pierde su norte y cuando se cierra la puerta y se encuentra solo, se desconoce, siente que falta algo pero no sabe exactamente qué. De tal modo, que pierde su esencia, más bien la entierra, la esconde y hasta puede avergonzarse de ella, y todo esto, es porque su naturaleza no corresponde, no va acorde con lo que presenta, lo que demanda la sociedad. Y llegan las sensaciones de vacío, insatisfacción, fracaso, los pensamientos negativos y peyorativos de sí mismo, las ideas y conductas suicidas, el no puedo más, tengo todo lo que he querido pero no soy feliz. De tal manera, que se viven situaciones paralelas, lo que siento realmente y lo que debo mostrar a los demás. De ahí, personas con varios perfiles en las redes sociales, con comportamientos totalmente diferentes en lugares y grupo de personas distintas, conductas y actitudes extrañas en la misma persona. Pero sobre todo, podemos percibir un ser humano que cree que es feliz pero lleva un calvario interior, sufre porque lo único que busca es ser aceptado, ser aprobado sin importar lo que realmente quiere ser.

De ahí la palabra mágica “autenticidad” que hace referencia a ser uno mismo, único, a no ser copias, clones, a ser realmente quien eres. Por ende, se olvida ser coherente, que sus palabras y forma de pensar se vean en la práctica, en su conducta. Nuestra valía pasa a segundo plano y nuestro auto-concepto se desvanece y llega un momento que la persona frente al espejo es extraña.

No esperes cerrar la puerta y ser tú mismo, no esperes estar o sentirte al borde del camino para elegir lo que verdaderamente te llena y hace que sientas plenitud. Que ese manual del cual he hablado en los párrafos anteriores sean simplemente una guía si así lo consideras, pero que no determinen el qué: lo que quieres, desea y te apetece hacer; el cómo lo haces, la forma más adecuada; en dónde prefieres caminar y cuándo te motivas hacerlo, a dar ese paso, a tomar la decisión. No permitas que lo más frágil y delicado en ti se muera, desaparezca, se vea afectado, tu autoestima no puede ser negociada. Tu valía personal no es algo que se pueda comprar ni vender, que se cambie como cualquier producto o pieza de vestir. Por tanto, es vital conocerse, tener claro un proyecto de vida, andar tus propios caminos y no ir como oveja al matadero, con la manada, viviendo el refrán que dice: donde va Vicente va la gente, sin detenerte a ver que eso no es lo que quieres, no es tu ruta, y aunque parezca que sí, tarde o temprano te das cuenta que no.

Deja que el mundo sepa cómo eres, no como crees que deberías ser, porque tarde o temprano, si estás actuando, te olvidarás. ¿Y dónde estarás tú? – Fanny Brice

Clara Céspedes

Psicóloga clínica. Especialista en psicología general y sanitaria

Centro vida y Familia Ana Simó

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