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Santo Domingo

Educación, religión y género

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Por: Sammy Burgos
Parte I

Uno de los tantos aportes que ha realizado al estudio de la sociedad la teoría marxista, es la identificación de la infraestructura y superestructura. La socióloga chilena Marta Harnecker nos explica que “Marx y Engels han llamado INFRAESTRUCTURA o BASE a la estructura económica de la sociedad, y SUPERESTRUCTURA a las instituciones jurídico-políticas, Estado, derecho, etc., y las formas de la conciencia social que corresponde a una infraestructura determinada”. Dicho esto, se establece entonces que la ideología como parte de esa conciencia social, queda dentro de la llamada superestructura.
La ideología puede orientarse a lo económico, político o religioso. Harnecker también nos explica que “La ideología está destinada… a asegurar la cohesión de los hombres en la estructura general de la explotación de clases… haciendo aceptar a los explotados sus propias condiciones de explotación como algo fundado en la voluntad de Dios, en la naturaleza o en el deber moral, etc.”.
En la historia de la humanidad la ideología religiosa ha servido como ancla de la necesaria evolución de las sociedades. Puede recordarse que durante toda la Edad Media se defendió la teoría geocéntrica de Claudio Ptolomeo, la cual establecía que la tierra era el centro del universo. Cuando a finales del siglo XVI y principio del XVII Nicolás Copérnico y Galileo Galilei plantean la teoría Heliocéntrica, que defendía que el sol era el centro del universo encontróla oposición férrea de una Iglesia Católica que se aferraba a la ideología que defendía desde el pasado.
En el caso dominicano tenemos ejemplos de la resistencia mostrada por los promotores de las ideologías religiosas, cuando se ha intentado adecuar la educación a los cambios que requiere la sociedad. Uno de esos ejemplos fue la resistencia de la cúpula Católica a través de Francisco Billini y Fernando Arturo de Meriño, al proyecto de la Escuela Normal y el Instituto de Señoritas ideado y dirigido por Hostos en la República Dominicana. Se oponían simplemente porque el gran maestro proponía una enseñanza científica y laica; en contraposición a la educación tradicional-religiosa. Esto le ganó el calificativo por parte de sus adversarios de comunista, ateo y otros más; simplemente por defender una educación que promoviera la libertad de conciencia.
No estamos en el siglo XIX, aunque han pasado los siglos la actitud reacia de quienes defienden la supremacía de la ideología religiosa sigue con más vigor que ayer. Quienes dentro de la superestructura defienden la continuación de un sistema fallido, se oponen a todo cuanto puede contribuir, al establecimiento de una sociedad más justa y equitativa. Por eso ha encontrado tantos enemigos la Orden Departamental 33-2019 del MINERD. Ella no dice nada nuevo, pero retoma un tema olvidado; que es el promover desde los centros educativos políticas encaminadas a la equidad de género. No se trata de promover la sexualidad, ni nada de eso; sino de que nuestr@s niñ@s tengan las mismas oportunidades.
Nos toca a nosotros jóvenes educadores, echar a andar ese proyecto Hostosiano de una educación laica y liberadora. Lejos de las ataduras de la ideología que impone la superestructura. Construir un sistema educativo que enseñe a pensar y no a obedecer, es la tarea pendiente. Marta Harnecker. Los conceptos elementales del materialismo histórico. 39ª Edición, Litografía Ibídem, p. 99.
Véase: Santiago Castro Ventura. Hostos, Revolucionario sin fronteras. Editora Manatí, Santo Domingo,

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