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EE. UU. revive ejecuciones públicas de condenados a pena de muerte

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Estados Unidos se prepara para mostrar al mundo la ejecución de un condenado a muerte, una decisión que revive una de las prácticas más controvertidas de su historia: convertir el castigo capital en un espectáculo público. Lo que durante siglos congregó multitudes frente a horcas y patíbulos podría regresar el próximo 3 de diciembre a través de una transmisión por internet, esta vez por decisión del Gobierno de una de las principales democracias del mundo.

El anuncio del Pentágono de transmitir en directo el fusilamiento del exmayor del Ejército Nidal Malik Hasan, condenado por asesinar a 13 personas y herir a otras 32 en la base militar de Fort Hood, Texas, en 2009, provocó una condena inmediata de Naciones Unidas.

La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos advirtió que la retransmisión de una ejecución equivale a hacerla pública y vulneraría la prohibición absoluta de la tortura. El organismo recordó que ha formulado objeciones similares contra las ejecuciones realizadas ante multitudes en Irán y Afganistán.

La decisión, aprobada por el presidente Donald Trump a recomendación del secretario de Defensa, Pete Hegseth, supondría un precedente sin equivalente conocido en las transmisiones oficiales de ejecuciones judiciales estadounidenses.

El fusilamiento está programado para la una de la tarde, aproximadamente a la misma hora en que comenzó la matanza del 5 de noviembre de 2009, y se realizará en la instalación militar donde ocurrió el ataque.

Las ejecuciones públicas formaron parte de la historia estadounidense desde el período colonial. Durante los siglos XVIII y XIX, los ahorcamientos eran acontecimientos que podían reunir a miles de espectadores. Las autoridades los presentaban como advertencias contra el delito, mientras las multitudes acudían para presenciar el cumplimiento de las sentencias.

Aquellas ceremonias podían incluir sermones religiosos, discursos de los condenados y la presencia de familias enteras. Según el historiador de la pena capital Michael Radelet, profesor emérito de la Universidad de Colorado, los asistentes no siempre acudían por interés en la justicia, sino también por el atractivo del espectáculo. La muerte de una persona se convertía así en un acontecimiento social.

Uno de los episodios más recordados ocurrió el 14 de agosto de 1936 en Owensboro, Kentucky, cuando Rainey Bethea, un hombre negro condenado por la violación y asesinato de una mujer blanca, fue ahorcado ante una multitud estimada en unas 20,000 personas. El acontecimiento adquirió características de feria popular y produjo una fuerte reacción contra la exhibición pública de la pena capital.

Aunque hubo un ahorcamiento público posterior en Misuri, en 1937, el caso de Bethea suele identificarse como el último gran espectáculo de ejecución pública en Estados Unidos. El rechazo a estas escenas contribuyó a trasladar progresivamente los procedimientos a recintos penitenciarios, con acceso restringido a funcionarios, familiares, abogados, periodistas y testigos autorizados.

Desde entonces, la pena de muerte no desapareció del sistema judicial estadounidense, pero su aplicación quedó generalmente fuera de la vista del público. La ejecución de Timothy McVeigh, responsable del atentado de Oklahoma City de 1995, fue transmitida en 2001 mediante un circuito cerrado de televisión para un grupo limitado de familiares de las víctimas, sin difusión abierta.

Por Norberto Rubio

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