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Santo Domingo

El caos del tránsito en Santo Domingo

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Cada mañana, a la misma hora, como un ritual de castigo colectivo, se repite la escena.

Amanecemos y el país, otra vez, se rinde a la ley del más fuerte.

La cortesía se volvió antigüedad.

El respeto ha pasado a ser un gesto del ayer que algunos aún practican con vergüenza, como si pedir permiso fuera un acto de debilidad.

Vivimos bajo el reinado del “sálvese quien pueda”.

Nuestro espacio de convivencia es un reino sin rey, donde cada quien hace lo que le viene en gana.

Es el retrato más fiel de nuestra cotidianidad urbana: el caos como norma y la decencia como excepción que brilla por su ausencia.

Y nadie sabe hasta cuándo.

Es una manifestación viva de irresponsabilidad colectiva que nos agrede, que nos va moldeando.

Nos acostumbramos a movernos sin que el tiempo valga.

Por Norberto Rubio

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