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Santo Domingo

La trascendencia del hombre con el pasar de los tiempos

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Por Laura Betances.

“Jefes, cabecillas y abusones” por Marvyn Harris es un texto de carácter expositivo que trata sobre la forma en la que se organizaban y eran dirigidas las aldeas y naciones antes de que surgieran los jefes. Cuando un persona hace de manera efectiva lo que está en su ambiente, se hace más sabio, íntegro y conocedor de temas que lo harán evolucionar, en fin trasciende. Esta trascendencia se ve reflejada en varios capítulos, señalando cómo de cabecillas pasan a ser redistribuidores, luego a grandes hombres y por último los actuales jefes, cada uno con características que nos hacen diferenciar a unos de otros.
Dar pocas órdenes, poseer la habilidad de fuerza de persuasión, ser un trabajador enérgico y generoso, y no castigar a quienes desobedecen o más bien no cumplen con su parte del trabajo son algunas de las características que definen a un cabecilla. En cambio, los redistribuidores trabajan muy duro y dan con mayor generosidad, reservando para sí porciones más pequeñas. No hacían esto en busca de intereses como recompensa, ni esperaban agradecimiento y mucho menos pretendían alcanzar poder; su trabajo consistía en redistribuir los alimentos.
Un tiempo después surgen los grandes hombres, quienes llevan la redistribución y el intercambio recíproco a otro nivel, a estos los reconocían por organizar espléndidos festines que ofrecían al pueblo en busca de aprobación. El texto hace mención de diversos grupos que evolucionaron hasta convertirse en grandes hombres, como lo son: los mumis, los Semais de Malasia, los Kung y los mehinacus, quienes como cita el texto en el capítulo 5 “se las arreglaron bien sin manifestar ninguna propensión especial a mostrarse superiores”. Asimismo, no se les otorgaba la facultad de obligar a los demás a que hicieran lo que los mismos mandaban, ni ubicaba su nivel de vida por encima del resto de los pobladores del pueblo, sino que procuraban restar importancia a sus virtudes para garantizar un trato igual para todos. Sin embargo, luego en estos despertó el espíritu de la competitividad, hecho que no se dio con los cabecillas ni los redistribuidores, por lo que buscaban estar por encima de los demás.
Esto da origen a los actuales jefes, quienes a diferencia de los grandes hombres, estos pasaban de dominar pequeñas aldeas, a formar grandes comunidades o jefaturas. Además poseían muchos bienes (grandes casas, suntuosidad a una escala sin precedentes), recibían más alimentos, no eran generosos y privaron a los aldeanos de muchas cosas que ellos como jefes si podían hacer o usar. Harris expresa en el capítulo 9 que este rango era considerado “un deber sagrado transmitido de generación en generación, con arreglo de normas de sucesión hereditaria”.
En definitiva, el enfoque del autor (Marvyn Harris) en este libro, es hacer notar las diferencias entre cada uno de los rangos que llegó a alcanzar el hombre y su evolución con el pasar de los años. Hace referencia a investigaciones realizadas por diversos investigadores sobre cómo antiguas civilizaciones lograron organizarse sin necesidad de jefes. Dejó en claro su objetivo al exponer que el proceso de transición desde los cabecillas, redistribuidores hasta los grandes hombres para llegar a los grandes jefes incide en nuestra realidad actual.

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