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Láser facial todo el año: riesgos, cuidados y recomendaciones

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La evolución tecnológica y el avance de la medicina estética han cambiado el escenario que reservaba estos tratamientos para el final del otoño o incluso el invierno. Los especialistas ya no hablan de prohibiciones generales, sino de personalizar cada tratamiento según el tipo de piel, el fototipo y los hábitos del paciente.

Pocas recomendaciones están tan arraigadas como evitar el láser durante las épocas de más sol. La explicación, tenía sentido hace años.

Tras determinados procedimientos, la piel permanece temporalmente más sensible y una exposición solar inadecuada podía favorecer la aparición de alteraciones de la pigmentación.

Sandra Grohs, jefa de unidad de medicina estética en Clínica ´Cemtro´ y doctora en clínicas Jorge de Mercado, recuerda a EFE que aquella recomendación respondía a una realidad clínica.

“Durante mucho tiempo era una recomendación muy razonable. Después de muchos tratamientos con láser la piel queda temporalmente más vulnerable y, si se expone al sol de forma inadecuada, aumenta el riesgo de alteraciones de la pigmentación, especialmente en personas con fototipos altos o piel bronceada”, señala.

Sin embargo, la evidencia científica y la evolución de los equipos han matizado esa afirmación. “Hoy sabemos que el problema no es el verano en sí. El verdadero riesgo está en combinar una mala selección del paciente, una exposición solar intensa o unos parámetros demasiado agresivos.”

La Academia Americana de Dermatología y distintos especialistas coinciden en que el éxito del tratamiento depende tanto de la indicación médica como del cumplimiento de las recomendaciones posteriores.

Uno de los principales cambios de los últimos años ha sido la precisión de los equipos, con nuevos dispositivos que permiten actuar sobre capas muy concretas de la piel, reduciendo el daño térmico y acortando considerablemente los tiempos de recuperación.

“La tecnología ha evolucionado muchísimo. Disponemos de equipos más precisos y selectivos que permiten tratar distintas capas de la piel calculando la profundidad al milímetro y minimizando el daño térmico sobre los tejidos vecinos”, explica Grohs.

La especialista añade que actualmente existe “más evidencia científica que respalda el uso de determinados láseres no ablativos durante meses de exposición solar cuando el paciente está bien seleccionado y cumple unas medidas estrictas de fotoprotección”.

Por Norberto Rubio

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