Veinticinco años después de aquel día en que Nueva York quedó marcada para siempre, Derek Jeter volvió a encontrarse con una historia que comenzó con una carta escrita por una niña de apenas 10 años.
Brielle Saracini había perdido a su padre, Victor, capitán del vuelo 175 de United Airlines que fue estrellado contra la Torre Sur del World Trade Center, pero encontró en el capitán de los Yankees una razón para volver a sentirse niña por un momento.
Este viernes, ambos se reencontraron en el Yankee Stadium, durante la ceremonia con la que el equipo recordó a las víctimas y a todos los afectados por los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Para Jeter, aquella jornada también había cambiado por completo el significado del béisbol. “Como atleta, fue la primera vez que me dije a mí mismo: ´¿Por qué estoy jugando siquiera?´”, recordó.
Los partidos habían sido suspendidos y, en medio del miedo, la incertidumbre y el dolor, parecía difícil imaginar que el deporte pudiera volver a importar.
“No vamos a regresar a jugar. ¿Qué significa el béisbol?”, llegó a preguntarse. Sin embargo, al conocer a familias que habían perdido a sus seres queridos, entendió que los Yankees también tenían una responsabilidad: ofrecer, aunque fuera por unas horas, un motivo para mirar hacia adelante.
Brielle estaba entre esas personas. Tres días después de los ataques escribió a Jeter para contarle que había perdido a su padre y recordarle que él había sido su jugador favorito y que su papá había querido que algún día pudiera conocerlo. Jeter respondió y la invitó, junto con su familia, al viejo Yankee Stadium.
No sabía exactamente qué decirle a una niña que acababa de perder a su padre, pero sí tenía claro que podía intentar hacerla sentir cómoda. La presentó a otros jugadores, la llevó al terreno y, como él mismo explicó años después, simplemente “improvisó”.
Brielle todavía recuerda aquel encuentro con especial claridad. Jeter bromeó con ella por llevar una gorra de los Yankees y la invitó a sentarse en el lugar que utilizaba el manager Joe Torre detrás de la jaula de bateo.
Hablaron de cualquier cosa y de todo, y por un día ella pudo sentirse como una niña normal. Veinticinco años después, Saracini sigue sin comprender del todo cómo Jeter consiguió devolverle durante unas horas esa sensación que la tragedia le había arrebatado.
Por Norberto Rubio
