Con “ira y vergüenza”, el presidente francés, Emmanuel Macron, condenó este domingo los disturbios y saqueos registrados en varias ciudades del país, anunció medidas para reforzar la seguridad, prometió transparencia sobre la actuación policial e iniciativas para responder a las demandas de los estudiantes y de los ciudadanos acuciados por la inflación.
“Esta noche todos sentimos ira y vergüenza”, afirmó Macron en una declaración solemne televisada de diez minutos de duración, un día después de los graves incidentes ocurridos durante las movilizaciones contra el encarecimiento del coste de la vida, y que continuaron este domingo especialmente en París.
Disturbios, ataques contra edificios públicos, pillajes y daños a centenares de comercios, que atribuyó a grupos de extrema izquierda y delincuentes, pero pidió distinguir entre los responsables de los actos violentos y los manifestantes que plantean reivindicaciones legítimas.
Macron reclamó al Gobierno, y en particular al ministro del Interior, Laurent Nuñez, que extraiga conclusiones sobre la gestión policial de las protestas y garantice la transparencia. “Espero respuestas claras”, manifestó Macron.
El jefe del Estado anunció que los prefectos podrán prohibir determinadas concentraciones para proteger las ciudades, los edificios públicos y los comercios, cuyos daños se contabilizan por cientos de millones de euros, aunque aún no hay una cifra precisa.
También pidió a los partidos políticos que condenen “sin ambigüedad” la violencia porque “el país necesita orden y calma, no una escalada”, declaró justo a seis meses de la primera vuelta de las elecciones presidenciales que, según los sondeos superarán los candidatos de los extremos (de derecha, Marine Le Pen, y de izquierda, Jean-Luc Mélenchon) para calificarse a la segunda y definitiva del 2 de mayo.
El presidente, que afronta junto a su Gobierno una creciente tensión social a seis meses de esos comicios presidenciales, pidió que la campaña electoral se desarrolle a través del debate y el respeto, y no en medio del “desorden y la destrucción”.
Las primeras reacciones políticas de la oposición al discurso de Macron fueron duras con el jefe del Estado, empezando por Jordan Bardella, el presidente de la Agrupación Nacional (RN), el gran partido de la extrema derecha, que lo consideró “lamentable”.
“Este poder cobarde y desorientado no tiene nada qué decir a los franceses y nada más que proponerles. Ni siquiera tiene fuerza para protegerles”, escribió en su cuenta de X Bardella, el delfín de Le Pen.
Aunque no había llegado a pedir la dimisión de Macron como Bardella, en una declaración poco publicada antes del discurso del jefe del Estado, Le Pen lo había descalificado como “un presidente sin crédito ni autoridad” que “ha perdido todo contacto con la realidad”.
Por Norberto Rubio
