El Real Madrid encontró con un éxito moderado ante el Rayo Vallecano la noche tranquila que necesitaba. Después de días de dudas y ruido, disfrutó en la primera parte, en la que le bastaron dos minutos para desmontar al equipo de Beñat (4-1) y convertir al Bernabéu en un lugar mucho más amable: marcaron Mbappé, Carreras y Bellingham y Vinícius cambió los pitos por aplausos antes de que los hombres de Mourinho recuperaran la desidia, los silbidos y de nuevo la calma con el tanto final del francés.
El eco de los silbidos frente al Inter estaba todavía muy cercano.
La victoria frente al conjunto italiano (2-1) el pasado martes en el estreno de la Liga de Campeones dejó un mal sabor de boca entre las filas madridistas, que soportaron una sinfonía de aire que dio continuidad a la derrota la pasada jornada frente al Betis.
Vinícius fue uno de los principales focos del incendio y todos necesitaban un día tranquilo en la oficina.
Lo buscaron con ahínco, pero solo dieron con la tecla al inicio y al final y porque ayudó la mala primera parte del Rayo Vallecano y la desafortunada actuación de Lejeune. El central francés salió en las fotos de los dos primeros goles y el Real Madrid no lo desaprovechó.
Y es que el Rayo quizá confundió valentía con algo de temeridad. Beñat mandó a su equipo muy arriba desde el primer minuto, decidido a perseguir al cuadro blanco hasta su propia área.
La intención tenía sentido; el riesgo también era evidente. Dejó metros a la espalda, justo el paisaje que más agradece un equipo lleno de futbolistas nacidos para correr.
Entre ellos apareció Diomande, la gran novedad de Mourinho. Cinco partidos oficiales después, los 125 millones de euros entraron por primera vez en un once. Cayeron Güler y Brahim y el joven extremo se instaló junto a la cal, con Dumfries a su espalda.
Apenas entró en juego. Dejó algún detalle para adivinar que pinta bien. El Real Madrid miró mucho más hacia Vinícius, quizá consciente de que el brasileño necesitaba reconciliarse con el estadio que le señaló.
Durante un cuarto de hora, el plan del Rayo sobrevivió. Presionó, merodeó algún robo peligroso y Tsitaishvili incluso obligó a Courtois a intervenir con un disparo tímido después de superar a Carreras.
Por Norberto Rubio
