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Miguel Ventura es, sin exagerar, el hombre más querido de Los Pepines.

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No por política, por presencia.

Si tú le preguntas a cualquiera en Santiago, de 20 a 80 años, quién es Miguel de Los Pepines, te dice: “El de la esquina, el de los Ventura, el que siempre está”.

¿Quién es Miguel Ventura?

Es el hijo de Rafael Antonio Ventura, el hombre que desde los años 40 montó su negocio en la esquina 16 de Agosto con Luperón y se convirtió en un símbolo del barrio.

Su padre no fue cualquier comerciante: fue luchador antitrujillista, preso y torturado en la cárcel de la 40, vinculado al grupo de Los Panfleteros de Santiago — los jóvenes que Trujillo mandó a matar por repartir volantes contra la dictadura. Esa historia de dignidad la heredó la familia completa.

Miguel creció ahí, entre sacos de arroz, frías, clientes que se hicieron familia y tertulias. Hoy él es quien dirige el negocio familiar y mantiene viva lo que el Listín Diario llamó:

“La esquina donde se reúnen los pepineros a compartir… donde hay solidaridad, familiaridad, seguridad y confianza”

¿Qué hace que sea el más querido?

  1. No se fue. Cuando el centro se vació, él se quedó.
  2. Es puente. Atiende al abogado, al motoconcho, al profesor de la PUCMM, al músico, al que viene de Nueva York. A todos por igual.
  3. Cuida el barrio. Los miércoles y viernes ponen música a volumen moderado, la gente pide sus canciones, y nadie se queja — al contrario, se siente en casa. Así lo describió Don Frank Viñas, un asiduo de la esquina.
  4. Es memoria viva. Él te cuenta quién vivía en cada casa, quién fue Perico Pepín, quién fue Ercilia Pepín, por qué Los Pepines se llama así.

Sus hermanos – La familia Ventura

La familia de Rafael Antonio Ventura es larga, de esas de Santiago de antes. Los que más suenan en el barrio son:

– Martín Ventura: Su hermano más cercano, el hombre de barrio por excelencia. Tranquilo, querido por todos, el que sostiene el día a día, el que la gente busca para un consejo o un favor. Si Miguel es la voz, Martín es el corazón.

– Los demás hermanos Ventura: Son parte de esa descendencia que sigue ligada a Los Pepines. No todos están al frente del colmado, algunos hicieron vida fuera del barrio, pero todos mantienen el vínculo. En el barrio te los mencionan como “los muchachos de Don Rafael”, gente trabajadora, respetada, sin escándalos, de trabajo y familia.

Por eso cuando el historiador Edwin Espinal dice que Los Pepines es uno de los pocos barrios que queda casi todo integrado al Centro Histórico, con la escuela Emilio Prud’Homme que fue sede del Gobierno Restaurador (1863-1865) y el Santuario La Altagracia de 1874, siempre termina diciendo:

“Vayan a La Esquina de los Ventura”.

Porque ahí está la esencia de Santiago: historia antitrujillista, comercio honrado, música, solidaridad y un apellido que es sinónimo de barrio bueno.

Miguel no es querido porque tiene mucho. Es querido porque nunca dejó de ser de Los Pepines.

¿Quieres que te prepare un texto de homenaje para Miguel y su familia para publicarlo o para una actividad del barrio?

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