La forma en que nos vestimos es, quizás, nuestro lienzo más cotidiano. Cada mañana, al elegir qué piezas ponernos, estamos curando una pequeña exposición andante de nuestra identidad.
Durante las últimas décadas, el modelo del fast fashion o “moda rápida” nos acostumbró a ver la ropa como algo desechable, priorizando la inmediatez sobre la calidad.
Sin embargo, hoy estamos presenciando un giro cultural fascinante: los bazares de segunda mano y el rescate de prendas vintage han dejado de ser simples alternativas económicas para convertirse en una postura estética, creativa y ética.
https://resources.diariolibre.com/images/2026/10/16/whatsapp-image-2026-10-15-at-45300-pm-2-d682b97a.jpegLos bazares de segunda mano y el rescate de prendas vintage se han convertido en una postura estética, creativa y ética. (LUIGGY MORALES)
El problema con nuestro actual ritmo de consumo es insostenible.
Frente a este panorama alarmante, buscar refugio en la moda sostenible y el rescate de prendas de otras décadas no es un simple capricho retro; es una intervención artística en contra de la cultura de lo desechable.
Adoptar la moda circular nos obliga a ser mucho más creativos. En lugar de copiar los maniquíes idénticos que dictan las grandes cadenas cada semana, buscar en tiendas de segunda mano nos reta a mezclar texturas, épocas y proporciones.
Es un ejercicio de diseño constante. Además, al rescatar prendas del pasado, nos reencontramos con materiales nobles y duraderos que la industria masiva ha ido reemplazando por plásticos y poliéster.
Volver a sentir el algodón puro, el lino o el rayón—especialmente en nuestro contexto caribeño, donde buscamos frescura a través de piezas de indumentaria relajadas o de estilo streetwear tropical—eleva tanto nuestra comodidad física como nuestro respeto por el medio ambiente.
En la República Dominicana, esta cultura de la moda sostenible y los eventos de intercambio está tomando una fuerza inspiradora.
Por Norberto Rubio
