Con la llegada del primer bebé no solo nace una nueva madre, sino que también nace una nueva mujer la cual ahora debe renovarse y reinventarse para enamorarse de sí misma y de esos pequeños o grandes cambios que ha sufrido propios de la maternidad.
Es un buen momento para detenernos y observarnos, para agradecer en primer lugar a Dios por ese gran privilegio que nos concede y en segundo lugar por la mujer fuerte, decidida y valiente que se sometió a tantos procesos hasta poner su vida en riesgo por una razón única: Amor.
Al vivir el proceso de gestación eres consciente de muchísimas cosas que antes pasabas desapercibidas entre ellas: entender como tu cuerpo es capaz de molderse para hacer surgir el milagro de la vida y crear un nuevo ser que pronto te llamará Mamá. Debo hacer énfasis en que para nadie es un secreto que aunque maravillosa, la maternidad es también una etapa difícil, de grandes cambios, aprendizajes, adaptación, retos e incluso frustraciones en la cual deberás aprender a manejar la culpa y muchas otras emociones que hasta entonces no habías experimentado.
Por tanto, es ahora cuando debes hacer una mirada interna y tomar decisiones significativas sobre ti misma para empezar a trabajar más arduamente en cuidarte no solo a nivel físico también emocional. Es tiempo de mimarte y consentir más a esa “nueva mujer” la cual lo necesita y re lo va agradecer. Tiempo de hacer una introspección y definir como quieres verte y que te vean los demás, especialmente tus hijos quienes normalmente pasan a ser tu principal fuente de inspiración, debes plantearte nuevas metas y prioridades en las que por supuesto debes estar Tú, porque nunca tu familia estará bien si tu no lo estás.
Es en este momento donde debes buscar ese equilibrio entre ser mujer, madre, esposa, profesional, amiga y cualquier otro rol que desees desempeñar. ¡Te invito a que te animes al igual que yo lo estoy haciendo a amarte y valorarte aún más ahora, a ver ese cuerpo perfectamente imperfecto como la gran maquinaria que es y como ese regalo divino el cual debes valorar y apreciar no por su belleza física sino por lo que ha sido capaz de hacer y crear recordando amar TODO de ti, pues cada parte cuenta.
