Por: Jesús Díaz
Por tener un componente dialéctico, la medida de los hechos sociales, económicos y culturales, siempre la hago partiendo del tiempo. Este como un elemento primordial para cualquier tipo de análisis y al final, el mismo nos dará un resultado más próximo a lo que buscamos por la sucesión continua. La violencia en nuestro país no escapa a ser vista desde esa perspectiva que para nosotros tiene rango histórico.
Un sólo hecho nos demuestra esa realidad, el ejercicio mental lo podemos llevar a 1930, cuando el déspota Rafael Leónidas Trujillo, sin grandes dotes intelectuales y sin más categoría que la de un guarda campestre de un ingenio azucarero, asalto el poder político, para imponerse a sangre y fuego una dictadura militar. La violencia estatal se impuso con bandas de rufianes y militares en las calles sembrando el terror.
Ahora la realidad concreta en nuestras ciudades, barrios y hasta los campos esta permeada por un mal social que tiene nombre y apellido el Estado, que ha propiciado y permitido violencia de todo tipo.
Resolver un simple rose de un vehículo o el derecho a un parqueo, se ha convertido en un acto de salvajismo, cualquiera de nuestros choferes de carros públicos o privados tiene en el interior de su vehículo un bate, palo, machete, cuchillo, piedras o un arma de fuego, además asociado al conjunto de improperios y señales con los dedos que denotan alguna agresión.
Los datos oficiales nos dejan más que sorprendidos, esto sólo con relación a la violencia de género. Las fiscalías del país han recibido 45,829 denuncias de violencia de género e intrafamiliar en los primeros meses del 2018, lo cual pone de relieve que pese a los proyectos y esfuerzos desarrollados por las autoridades y entidades cívicas para prevenir esos delitos, la violencia en los hogares dominicanos no se detiene.
Las denuncias de violencia intrafamiliar y de género representan un promedio de 6,547 cada mes, y constituyen 32.81% de las 139,701 infracciones reportadas en las 33 fiscalías del país en el período enero-julio del 2018, las cuales corresponden a 49 delitos.
Otro dato espelúznate lo da el propio director de la Policía Nacional, mayor general Ney Aldrin Bautista, al ser cuestionado revela, que las estadísticas arrojan este año terminará con 300 personas muertas menos que el año pasado a manos de la violencia. Esto es presentado como un logro y no como una preocupación.
Lo que nos pasa sigue siendo el producto de una consecuencia política enquistada en el poder durante décadas y que busca la solución de la ´´fiebre en las sabanas´´ sabiendo que este es un efecto del mal mayor.
