La salida de Kimberly Guilfoyle de la Embajada de Estados Unidos en Grecia ha vuelto a poner bajo escrutinio la composición del Gobierno de Donald Trump, después de una sucesión de renuncias y destituciones de mujeres que ocupaban posiciones relevantes en su administración. El fenómeno ha llamado la atención de medios estadounidenses por una particularidad: las primeras cuatro bajas en puestos de nivel ministerial durante 2026 correspondieron exclusivamente a funcionarias, todas reemplazadas por hombres.
La periodista Erica L. Green, de The New York Times, examinó el jueves 15 de octubre la situación en un artículo titulado The Disappearing Women of the Trump Administration (Las mujeres que desaparecen de la administración Trump). La investigación señala que cuatro de las ocho mujeres que integraban el gabinete o desempeñaban funciones equivalentes abandonaron sus responsabilidades durante un período de apenas tres meses, entre marzo y junio, por circunstancias que incluyen destituciones presidenciales, controversias administrativas y motivos familiares.
El caso más reciente es el de Guilfoyle, antigua prometida de Donald Trump Jr., cuya renuncia fue anunciada el 13 de octubre, después de que la Casa Blanca le solicitara abandonar la representación diplomática en Atenas. La decisión se produjo tras varias publicaciones de The Wall Street Journal sobre presuntas irregularidades en su conducta, sus relaciones con empresarios y el uso de sus conexiones políticas.
Según el periódico, Guilfoyle habría solicitado 100,000 dólares al donante republicano Eric Deters para pagar una deuda de tarjeta de crédito antes de su audiencia de confirmación en el Senado, en julio de 2025. El empresario aseguró que no realizó el pago y sostuvo que la entonces aspirante a embajadora le ofreció acceso a funcionarios gubernamentales. El diario también publicó señalamientos sobre gestiones en favor de una empresa griega de construcción y energía y la participación de un cabildero en reuniones diplomáticas privadas.
La exembajadora negó las acusaciones y anunció que defenderá su reputación. Su abogado cuestionó la autenticidad de algunos mensajes citados por The Wall Street Journal. Por su parte, The Washington Post informó que la Oficina del Inspector General del Departamento de Estado inició una investigación sobre su conducta. La portavoz de la Casa Blanca, Katie Zacharia, confirmó que se le había pedido renunciar, aunque elogió su trabajo. Las denuncias no constituyen, por sí mismas, hechos judicialmente probados.
La primera destitución ministerial de 2026 fue la de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, relevada en marzo, después de una gestión marcada por controversias relacionadas con la política migratoria. Entre los episodios que precipitaron su salida figuraron sus declaraciones ante el Congreso sobre una campaña publicitaria gubernamental que, según afirmó, había recibido la aprobación del presidente. Trump negó haber autorizado esa iniciativa en los términos expuestos por la funcionaria.
En abril fue destituida Pam Bondi, fiscal general de Estados Unidos, en medio de cuestionamientos sobre su desempeño al frente del Departamento de Justicia. The New York Times identificó entre los factores de descontento presidencial el manejo de los documentos relacionados con Jeffrey Epstein y la insatisfacción de Trump con la actuación de Bondi en asuntos considerados prioritarios por la Casa Blanca. Tanto su salida como la de Noem fueron decisiones del mandatario, no renuncias voluntarias.
El 20 de abril también dejó su cargo Lori Chavez-DeRemer, secretaria de Trabajo, mientras enfrentaba una investigación de la Oficina del Inspector General de su departamento por posibles irregularidades administrativas. La Casa Blanca informó que pasaría al sector privado y reconoció su gestión. The Washington Post documentó las denuncias sobre su conducta, mientras su abogado sostuvo que la dimisión no obedeció a actos ilegales.
La reducción de la presencia femenina continuó en agosto con la renuncia de Karoline Leavitt, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, quien explicó que las exigencias del puesto dificultaban la atención de sus dos hijos pequeños. Trump aceptó su decisión y anunció que seguiría colaborando como asesora externa. Leavitt fue sustituida por Katie Zacharia, por lo que este relevo se diferencia de los cuatro cambios ministeriales.
El contraste con el primer Gobierno de Trump, entre 2017 y 2021, no radica en la existencia de renuncias femeninas, sino en su concentración durante un período relativamente corto. Aquella administración también registró una elevada rotación de altos funcionarios, pero afectó tanto a hombres como a mujeres, según los estudios de la Institución Brookings sobre los cambios en el equipo presidencial.
Por Norberto Rubio
