El software espía, que nada tiene que ver con herramientas como las de control parental, se ha multiplicado durante los últimos años hasta convertirse en una nueva forma de violencia, silenciosa, y de acoso contra las mujeres, que en la mayoría de los casos no saben que están siendo vigiladas y espiadas.
Conocido técnicamente como “stalkerware”, esta forma de abuso consiste en instalar en el teléfono o tableta de la víctima, sin su consentimiento, un programa que permite espiar y rastrear todos sus movimientos e interacciones -vídeos, fotos, mensajería, geolocalización o redes sociales-. EFE
