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STRATEGIUS: Higüey y Punta Cana están en el preciso momento del cambio!

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Higüey, República Dominicana.- La preocupación expresada por el empresario Frank Rainieri, fundador del influyente Grupo Puntacana, no es un simple llamado de alerta: es una advertencia estructural. Señalar como insostenible el crecimiento inmobiliario y turístico de Punta Cana implica reconocer que el modelo actual ha alcanzado su límite operativo.

Sin embargo, lejos de ser un escenario de crisis, La Altagracia parece haber llegado al punto exacto donde las tensiones del crecimiento abren paso a las soluciones. Hoy, lo que antes era advertencia comienza a transformarse en respuesta articulada, basada en unidad, concurrencia institucional y visión de sostenibilidad.

Hace más de quince años, el propio Rainieri anticipaba este desafío. En aquel entonces, promovía la necesidad de un programa de desarrollo ordenado para la provincia. La historia registra incluso iniciativas tempranas de reflexión estratégica que no lograron consolidarse. Ayer no se pudo. Hoy, las condiciones son distintas. Incluso nos envió a Santiago un avión jet a recogernos pero el proceso no pudo avanzar.

En este nuevo contexto emerge el Plan Estratégico de Desarrollo de la Provincia La Altagracia, denominado Altagracia del Mundo. Este instrumento no solo representa una hoja de ruta técnica, sino un pacto social amplio, donde convergen actores públicos, privados, académicos y religiosos.

Resulta especialmente relevante el papel articulador de figuras como Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Nicanor Peña Rodríguez y Jesús Castro Marte, cuya influencia ha contribuido a dotar este proceso de legitimidad ética y cohesión social. A ello se suma la participación activa de sectores evangélicos, ampliando el carácter inclusivo de la propuesta.

En el plano institucional, la creación de la Alianza Altagracia Estratégica (ALTES), facilitada por Julio Corral Alonso, constituye un paso decisivo. Esta plataforma se perfila como el espacio de convergencia de la masa crítica provincial, donde el pensamiento estratégico se traduce en acciones concretas orientadas al ordenamiento territorial, la sostenibilidad y la atracción de inversiones de calidad.

Los datos demográficos confirman la magnitud del desafío. La provincia ha pasado de 273,210 habitantes en 2010 a 446,060 en 2022, un crecimiento del 63%, muy por encima del promedio nacional. Este ritmo no solo es excepcional: es estructuralmente exigente. Implica presiones directas sobre servicios, infraestructura, recursos naturales y gobernanza.

En términos territoriales, la huella urbana también evidencia una expansión significativa: de 97 km² en 2012 a 109.75 km² en la actualidad. Esto equivale a un crecimiento superior a 1.2 km² por año, superando el umbral recomendado por organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano, que sugieren no exceder 1.0 km² anual para garantizar equilibrio entre urbanización y medio ambiente.

Este dato es crucial: el problema no es el crecimiento en sí, sino su velocidad y su calidad.

La Altagracia cuenta además con un importante sistema ambiental, compuesto por nueve áreas protegidas que abarcan el 15.27% de su territorio bajo distintas categorías de manejo, incluyendo parques nacionales, monumentos naturales y paisajes protegidos. Este patrimonio natural, lejos de ser un obstáculo, debe convertirse en el eje estructurante del nuevo modelo territorial.

En paralelo, la presión turística es extraordinaria. Aproximadamente el 65% de las habitaciones hoteleras del país se concentran en este territorio, liderado por polos como Bávaro, Punta Cana y Cap Cana, que reciben cerca de 5.4 millones de turistas anuales. Esta dinámica genera riqueza, pero también acelera el consumo del suelo y amplifica las demandas sobre infraestructuras críticas.

Por ello, el verdadero desafío no es detener el crecimiento, sino gobernarlo. La magnitud de la población flotante y residente exige transformaciones profundas en tres dimensiones clave: seguridad alimentaria, seguridad vial y seguridad ciudadana. Estas variables ya han sido identificadas en el Plan Estratégico como ejes prioritarios, lo que confirma la madurez del enfoque adoptado.

En síntesis, Higüey y Punta Cana no están frente a una crisis, sino ante una oportunidad histórica. Han alcanzado el punto donde el crecimiento desordenado deja de ser viable y obliga a dar el salto hacia un modelo inteligente, planificado y sostenible.

Ese es, precisamente, el momento del cambio. Y todo indica que, esta vez, la provincia está preparada para asumirlo.

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