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Cuando la frontera produce valor

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Recorrer Dajabón obliga a mirar la frontera de otra manera. Allí una línea territorial se convierte dos veces por semana en mercado; el río es recurso productivo y límite nacional; la agricultura convive con el comercio internacional, y una decisión administrativa puede alterar en horas los ingresos de comerciantes, transportistas y productores. En pocos lugares resulta tan evidente una lección económica: la productividad también depende de cómo organizamos el intercambio.

La historia explica parte de esa singularidad. El 27 de octubre de 1845, apenas un año después de la Independencia, en estas tierras se libró la batalla de Beller, decisiva para consolidar la soberanía de la naciente República. La provincia fue creada en 1938 con el nombre de Libertador y en 1961 recuperó el de Dajabón. Durante mucho tiempo pensamos la frontera principalmente desde la defensa y el control. El desafío contemporáneo consiste en preservar esas funciones mientras incorporamos otra igualmente estratégica: convertirla en espacio de producción y prosperidad.

Dajabón posee 74,810 habitantes, pero su importancia económica supera ampliamente su tamaño poblacional. Entre enero y septiembre de 2025, por su paso fronterizo se exportaron mercancías por más de US$293.6 millones, un crecimiento de 22.12 % respecto del mismo período del año anterior. Tejidos de algodón, camisetas y cemento encabezaron esos flujos.

El dato no significa que esos bienes sean producidos en Dajabón. Significa que la provincia aporta un activo económico fundamental: conectividad.

Ahí aparece su próxima oportunidad. Una economía fronteriza puede limitarse a observar mercancías pasar o puede construir alrededor de ese flujo almacenamiento, transporte, clasificación, financiamiento, empaque, tecnología y transformación. En el primer caso existe tránsito. En el segundo comienza una cadena de valor.

El próximo salto de Dajabón consiste en conseguir que una proporción mayor del valor que atraviesa la frontera también se produzca y permanezca allí.

El mercado binacional continuará siendo esencial. Pero su productividad no debería medirse únicamente por cuántas personas cruzan o cuánto se vende los lunes y viernes. Debemos conocer cuánto empleo formal genera, cuántas empresas locales fortalece, cuánto recauda el municipio, cuánto crédito moviliza y cuánto dinero permanece circulando dentro del territorio.

La interrupción comercial de 2023 demostró la vulnerabilidad de esa estructura. Cuando la frontera se detiene, los efectos alcanzan rápidamente al transporte, las ventas, el sistema financiero y los servicios. La respuesta no consiste en reducir la importancia del comercio, sino en diversificar la economía alrededor de él.

Porque Dajabón también produce: Arroz, yuca, plátano, banano, leche y ganadería forman parte de su base agropecuaria. El sistema asociado al canal La Vigía sirve una zona donde se han reportado alrededor de 25,000 tareas cultivadas de arroz y otros rubros. La oportunidad consiste en conectar esa capacidad productiva con la plataforma comercial que ya posee la provincia.

La diferencia entre vender arroz y construir una cadena arrocera está en secado, molienda, almacenamiento, empaque y comercialización. Lo mismo ocurre con la leche cuando se transforma en derivados o con los cultivos cuando incorporan clasificación, refrigeración y procesamiento.

Por Norberto Rubio

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