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Gustavo Adolfo Mejía-Ricart víctima de ataque con arma blanca

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Noble, amoroso y sentimental. Así describen Katherine Risk y Gustavo Adolfo Mejía-Ricart a su hijo, un joven de 23 años que divide sus días entre los estudios de Derecho, el trabajo en el bufete de su familia, el fútbol y los encuentros con sus amigos.

Quienes conocen a Gustavo Adolfo III Mejía-Ricart Risk también resaltan su tranquilidad, educación y facilidad para relacionarse con los demás. Sus padres resumen esas cualidades con una frase que repiten al hablar de él: “Se deja querer por todos”.

Esa cercanía se ha evidenciado desde que fue ingresado en un centro de salud tras ser atacado con un arma blanca la madrugada del pasado sábado, cuando llegaba a su residencia en la torre Santa Cruz, en el sector Serrallés del Distrito Nacional.

Desde entonces, numerosos amigos han permanecido atentos a su evolución y han acompañado a la familia.

“Nunca está solo”, contó su madre. Desde que fue ingresado, grupos de entre 15 y 20 amigos han acudido a acompañarlo y a mantenerse cerca de la familia.

Gustavo está próximo a finalizar la carrera de Derecho en la Universidad Iberoamericana (Unibe).

De acuerdo a su padre, su interés profesional se concentra en el derecho económico y las finanzas, áreas en las que aspira a continuar especializándose después de concluir sus estudios universitarios.

“Quiere hacer una doble titulación, quiere hacer especialidad”, explicó su padre, al describir las ambiciones profesionales de su hijo.

Además de estudiar, trabaja junto a sus padres en el bufete familiar, donde participa en labores administrativas, jurídicas e inmobiliarias.

“Él trabaja en todas las áreas, porque trabaja en el área administrativa, con los abogados y en otras áreas inmobiliarias. Es dinámico”, manifestó su padre.

Por Norberto Rubio

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