Desde pequeño, Roldy Brito ha tenido el béisbol como parte de su vida. Más que una afición, ha sido una presencia constante en su entorno, donde comenzó a familiarizarse con el deporte bajo la influencia de su padre, quien tiene una academia y jugó béisbol profesional en las ligas menores.
Hoy, con el uniforme de los Gigantes del Cibao, el hijo de Rosanny de la Cruz y Rodney Brito ha causado grata impresión en la Lidom, mientras continúa su desarrollo como prospecto de los Rockies de Colorado.
Durante el 2026 tuvo una línea ofensiva de .305/.361/.455 con 10 cuadrangulares con 88 anotadas y 75 remolques en 117 partidos entre clase A y A(+),
El bonaense de 19 años ocupa el segundo puesto entre los mejores prospectos de la organización de Denver, solo detrás del campocorto Ethan Holliday. Puede desempeñarse tanto en la segunda base como en el jardín central y su proyección le llevó al Juego de Futuras Estrellas de este año.
El bateador ambidiestro de 5 pies y 11 pulgadas firmó por 420,000 dólares en 2024 y en tres cursos en ligas menores sus bonos no paran de subir. Su defensa en el medio del cuadro interior y su capacidad para ver acción en el jardín central amplían sus opciones dentro del terreno.
Brito llegó a la jornada de ayer con una línea ofensiva de .462/.500/.538, incluido un doble, en sus primeros cuatro partidos en la pelota dominicana.
Aunque se trata de una muestra pequeña, esos números respaldan las evaluaciones de los scouts, que destacan su capacidad para hacer contacto y conectar la pelota desde ambos lados del plato.
“Desde chiquito, mi papá tiene una academia y yo siempre he estado involucrado en esto. Siempre he estado en béisbol”, expresó Brito a la prensa que cubre el torneo en el Estadio Quisqueya Juan Marichal.
Un hermano suyo también sigue ese camino y el ambiente en el que creció le permitió familiarizarse desde temprano con las exigencias de una carrera que ahora comienza a tomar mayores dimensiones.
Sin embargo, él tiene claro que los antecedentes familiares no determinan lo que pueda conseguir en el terreno. Reconoce que su padre no llegó a las Grandes Ligas, pero entiende que esa circunstancia no debe convertirse en una carga ni limitar sus propias aspiraciones.
Por Norberto Rubio
