La productividad de un territorio no se mide únicamente por la potencia de su empresa más grande ni por el valor de su principal exportación. También se mide por su capacidad para conservar el conocimiento adquirido, adaptarse cuando cambia un ciclo económico y conseguir que industria, agricultura, comercio, energía, servicios y turismo comiencen a reforzarse entre sí. Esa es la oportunidad que encontré al recorrer Monseñor Nouel.
Durante décadas, Bonao y la gran minería estuvieron estrechamente asociados en el imaginario económico dominicano. Todavía en 2023, el 90 % de las exportaciones de Monseñor Nouel correspondía al ferroníquel. Ese grado de concentración permite entender tanto la importancia histórica de la actividad como el riesgo que supone para cualquier territorio depender excesivamente de un solo motor. Cuando una actividad dominante se contrae, sus efectos alcanzan trabajadores, contratistas, transportistas, suplidores, comercios y familias que durante años se organizaron alrededor de ella.
Pero quedarse en esa fotografía sería no comprender la economía actual de la provincia. El Banco Central registra que Monseñor Nouel pasó de 1,112 empresas formales en 2018 a 1,685 en 2024. Solo entre enero y septiembre de 2025 se reportaron RD$23,150.7 millones en operaciones comerciales, RD$12,095.5 millones en manufactura, RD$6,629.1 millones en otros servicios, RD$1,568 millones en cultivos tradicionales y RD$1,359.3 millones en hoteles, bares y restaurantes. La conclusión es relevante: la economía interna de Monseñor Nouel ya es considerablemente más diversa que su estructura exportadora.
Ahí está el verdadero punto de partida. La provincia no necesita sustituir un gran motor por otro. Necesita aprovechar todo lo que décadas de industrialización dejaron instalado. Técnicos, ingenieros, soldadores, transportistas, empresas de mantenimiento, contratistas y trabajadores acostumbrados a operar bajo estándares industriales constituyen capital productivo. Ese conocimiento no desaparece cuando una planta disminuye su actividad; puede trasladarse hacia manufactura, energía, construcción, mantenimiento industrial, logística y nuevos servicios. Productividad también significa reutilizar eficientemente el conocimiento acumulado.
Monseñor Nouel posee además una institución particularmente interesante para esa transición. La Ley 507-05 dispuso la transferencia de los beneficios correspondientes a 285,982 acciones que CORDE poseía en Falconbridge Dominicana, distribuyéndolos entre Monseñor Nouel, La Vega y Sánchez Ramírez, y el Decreto 527-06 estructuró el Consejo para el Desarrollo de la Provincia Monseñor Nouel. Es una idea institucional poderosa: una parte de la riqueza generada por un gran activo productivo debe contribuir a construir capacidades territoriales que lo trasciendan. El desafío permanente es conseguir que esos recursos se conviertan en infraestructura, conocimiento y proyectos capaces de aumentar la productividad futura.
Durante mi recorrido pude conversar también con la gobernadora Adela Tejada, cuya posición la coloca precisamente en uno de los espacios de articulación entre las prioridades provinciales y las instituciones nacionales. La coordinación importa especialmente en una economía que busca diversificarse, porque las decisiones sobre carreteras, agua, formación, inversión, agricultura, turismo y ordenamiento territorial no pueden ejecutarse como políticas aisladas.
Encontré esa misma necesidad de articulación en la Cámara de Comercio y Producción de Monseñor Nouel, presidida por Francisco Sang. La institución ha colocado entre sus objetivos el fortalecimiento empresarial, la innovación y la proyección de la provincia como espacio para inversión y desarrollo. Ese papel adquiere una importancia especial cuando la economía necesita ampliar su base: una Cámara no produce directamente todos los bienes de un territorio, pero puede conectar empresas, conocimiento, financiamiento e instituciones que de otra manera funcionarían separadamente.
Dentro de esa propia Cámara encontré un ejemplo pequeño en escala, pero grande en significado. Su primera vicepresidenta, Laura Batista, está vinculada a Repostería Miguelina, una de esas empresas que terminaron convirtiéndose en parte de la identidad de Bonao. Miguelina funciona en el kilómetro 91 de la Autopista Duarte y ha sabido transformar una ventaja aparentemente sencilla —estar situada sobre el principal corredor entre Santo Domingo y el Cibao— en una actividad comercial capaz de captar y retener parte del valor que diariamente atraviesa la provincia.
Lo interesante para una columna sobre productividad no es solamente que Miguelina sea conocida. Es observar cómo una empresa local puede ampliar el rendimiento de un mismo activo. Al negocio de panadería, repostería, restaurante y café se han añadido servicios complementarios: desde 2021 el establecimiento incorporó infraestructura de carga para vehículos eléctricos y, en 2024, Farmacias Los Hidalgos abrió una sucursal dentro del parador para atender tanto a residentes como a viajeros. La localización no cambió; cambió la cantidad de valor económico capaz de generarse alrededor de ella.
Ese caso resume una parte de la oportunidad provincial. La carretera por sí sola no crea productividad; la crea el empresario que convierte tránsito en demanda, demanda en empresa y empresa en empleos, servicios e inversión. Monseñor Nouel está colocado sobre uno de los corredores terrestres más importantes del país. Esa geografía puede aprovecharse mucho más mediante logística, servicios al transporte, comercio, gastronomía, manufactura y actividades vinculadas al movimiento constante de personas y mercancías.
Por Norberto Rubio
