El dirigente político y exsenador por Montecristi Héctor Rodríguez Pimentel advirtió que los puntos de drogas funcionan en algunos barrios del país como estructuras de reclutamiento de adolescentes y jóvenes vulnerables, mientras el Estado interviene cuando estos ya están vinculados a actividades delictivas.
Rodríguez Pimentel sostuvo que estos lugares no se limitan a la venta de sustancias, sino que también utilizan a jóvenes para labores como vigilancia, mensajería y alerta ante la presencia policial.
“El punto no es solamente un lugar donde se venden drogas. En determinados sectores funciona como una pequeña estructura de poder territorial que utiliza jóvenes como vigilantes, mensajeros y alertas frente a la presencia policial”, afirmó.
De acuerdo con el exsenador, el reclutamiento puede comenzar con pequeñas cantidades de dinero, favores o el préstamo de una motocicleta, hasta generar en los jóvenes un sentimiento de pertenencia a esas estructuras.
También señaló que alrededor de la delincuencia se ha desarrollado una subcultura en la que las armas, las motocicletas, el dinero fácil y la violencia son presentados como símbolos de poder y éxito, especialmente en las redes sociales.
No obstante, aclaró que no se debe criminalizar la música urbana ni determinadas formas de vestir.
“Una capucha no convierte a nadie en delincuente y el dembow no fabrica homicidas. El problema surge cuando el arma, la violencia y el dinero fácil son presentados ante nuestros jóvenes como modelos de éxito”, expresó.
Rodríguez Pimentel consideró que el deterioro de clubes, canchas y organizaciones comunitarias, junto con la falta de capacitación y oportunidades laborales, ha dejado espacios que terminan siendo ocupados por la delincuencia.
“Cuando la cancha está abandonada y el punto está abierto; cuando el muchacho encuentra dinero en la esquina, pero no capacitación ni su primer empleo, alguien ocupa el espacio que dejaron vacío la familia, la comunidad y el Estado”, manifestó.
A su juicio, las autoridades no pueden pretender recuperar los barrios únicamente mediante operativos policiales después de años de abandono social.
Por Norberto Rubio
