Un estudio de la Universidad de Nueva York (NYU) titulado El futuro del trabajo y realizado por Arun Sundararajan —catedrático Harold Price de emprendimiento y profesor de tecnología, operaciones y estadística en la Escuela de Negocios Stern—, analiza cómo la economía digital erosiona la relación tradicional entre empleador y empleado.
Sus hallazgos, recogidos también en su libro The Sharing Economy: The End of Employment and the Rise of Crowd-Based Capitalism (2016), revelan que alrededor del 40 % de los trabajadores independientes de Estados Unidos son millennials, pese a que su situación laboral resulta, en sus propias palabras, «más incierta que nunca».
Los millennials son quienes nacieron entre 1981 y 1996; hoy tienen entre 30 y 45 años, es decir, se ubican en la franja etaria más productiva del mercado laboral. Sobre esta generación converge el impacto de dos fuerzas tecnológicas —la inteligencia artificial (IA) y la economía digital— que transforman de manera drástica la relación tradicional entre empleador y empleado.
Las nuevas plataformas digitales permiten organizar la actividad económica de un modo que desplaza buena parte de las tareas que antes realizaban los trabajadores de tiempo completo dentro de una organización. Hoy proliferan los emprendedores individuales y los trabajadores por encargo (on-demand), una modalidad que ya no es una moda pasajera, sino una tendencia consolidada.
El resultado es una economía orientada a resultados de corto plazo, sostenida por trabajadores independientes, allí donde antes predominaba el empleo fijo de ocho horas diarias.
La IA y las tecnologías automatizadas cumplen, cada vez con mayor eficiencia, tareas cognitivas y físicas que hasta hace poco requerían intervención humana. Su avance incide ya en sectores como la banca, la administración de proyectos, la traducción de textos, el derecho, la consultoría, el comercio electrónico, los supermercados y el transporte, entre otros.
La confluencia de estos dos factores ha fragmentado el mercado laboral, donde los empleos tienden a dividirse en tareas y proyectos puntuales. Esto facilita la sustitución del talento humano por capital en forma de tecnologías automatizadas, una tendencia que se reforzará con el paso de los años.
La sociedad y los gobiernos deberán, necesariamente, ajustar el ritmo de sus políticas a estos cambios en las modalidades de trabajo. Evitar que se profundicen las desigualdades de ingreso y riqueza —resultado de la concentración sostenida del capital durante los últimos cincuenta años— no será tarea sencilla.
Se avizora un futuro de «capitalismo de colaboración masiva» (crowd-based capitalism), en el cual la mayoría de los trabajadores dejará de ocupar un empleo a tiempo completo, como sucede hoy, para convertirse en proveedores independientes de talento o en microemprendedores que gestionan su propio negocio, aunque posean solo una mínima proporción del capital total de la sociedad.
El énfasis de la educación tendrá que cambiar. En lugar de concentrarse únicamente en instituciones postsecundarias de dos a cuatro años, como se hizo durante el siglo XX y aún prevalece, la sociedad deberá fortalecer instituciones que ayuden a los trabajadores a transitar hacia una economía orientada a la IA y a la automatización empresarial y bancaria en general.
Por Norberto Rubio
