23.8 C
Santo Domingo

Verdadero outsider

Relacionadas

El outsider se ha convertido en una figura recurrente de la política contemporánea. Aparece en democracias y bajo ideologías distintas, por caminos que pocas veces se parecen. Pero, ¿qué es realmente un outsider?

En sentido estricto, es alguien que construye buena parte de su legitimidad sobre el hecho de no pertenecer – o presentarse como extraño – a las élites y estructuras tradicionales del sistema. Su principal activo no es la experiencia política, sino la distancia.

Donald Trump ofrece uno de los ejemplos más conocidos. Antes de competir por la Presidencia de Estados Unidos nunca había ocupado un cargo público. Sin embargo, no creó un nuevo partido: escogió competir dentro del Partido Republicano. Un outsider no necesita destruir los partidos tradicionales, puede conquistarlos.

La historia estadounidense ofrece también el contraste. En 1992, Ross Perot desafió a los dos grandes partidos y obtuvo el 18.9 % del voto popular, pero no alcanzó la Presidencia. Interpretar el descontento no basta para conquistar el poder.

Nayib Bukele siguió otro camino. Había sido alcalde del FMLN, pero rompió con esa organización y construyó su liderazgo presentándose como alternativa frente a las estructuras que habían dominado El Salvador durante décadas.

Existe, además, una paradoja: no se llega a ser outsider copiando a otro. Cuando un liderazgo reproduce la estética o las estrategias de quienes antes desafiaron al sistema, la ruptura se convierte en fórmula y la rebeldía en escenografía. A ello se suma un nuevo ecosistema de comunicación. Los algoritmos tienden a amplificar la confrontación y el lenguaje directo. La política ya no disputa solamente votos, disputa segundos de atención. En ese terreno, un buen plan de gobierno puede competir en desventaja frente a quien sabe capitalizar emociones en un clip de 15 segundos.

Los datos ayudan a comprender el fenómeno. Meses antes de las elecciones estadounidenses de 2016, y antes de la nominación de Trump como candidato republicano, Pew Research registraba que el 58% de los votantes estaban insatisfechos con las opciones presidenciales. En El Salvador, Latinobarómetro 2018 registraba apenas un 6% de confianza en los partidos. Ambos ganaron la Presidencia. No existe necesariamente una relación causal. Pero el outsider parece encontrar mayor espacio cuando coinciden desconfianza y la percepción de que el sistema ha perdido capacidad para interpretar las expectativas sociales. Puede ser menos una causa que un síntoma.

Al llegar al poder surge otra contradicción. Aquel que cuestionó las instituciones descubre que necesita de ellas para gobernar: burocracias, mayorías legislativas y presupuestos. Cuando el poder y sus contrapesos dejan de entenderse, ambos pueden debilitar el equilibrio institucional que están llamados a preservar.

¿Existen en República Dominicana condiciones semejantes?

A medida que se acerca 2028, la idea aparece con mayor frecuencia. Pero conviene no confundir audiencia con comunidad, notoriedad con liderazgo, seguidores con electores ni capacidad de captar atención con capacidad de construir mayorías.

Por Norberto Rubio

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Ultimas Noticias