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Santo Domingo

El homenaje discográfico de Daniil Trifonov a Quisqueya

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La música une continentes y los estrecha en lazos que perduran a través del tiempo. Lenguaje universal, incorpora manifestaciones creativas diversas, las adapta y las devuelve enriquecidas. En su último disco, el celebrado pianista Daniil Trifonov ha incluido composiciones de tres dominicanos y, de paso, nos ha dado la oportunidad de preguntarnos cuánto conocemos y cuidamos la música con que otros nos descubren.

Ya en julio de 2015, Richard Morrison decía de él en The Times, en Londres: «Es, sin duda, el pianista más asombroso de nuestra época». Alex Ross, en The New Yorker, resaltaba en enero de 2017 la «técnica monstruosa y sonido resplandeciente» como atributos que distinguen a Trifonov.

Bullumba Landestoy, Juan Francisco García y Michel Camilo tienen nueva expresión en Mi historia americana: Sur, publicada por Deutsche Grammophon este octubre, continuación del recorrido iniciado en 2024 con My American Story: North. El giro español en el título parece un guiño a nuestro idioma, que Trifonov va aprendiendo, y una señal del hilo que nos comunica, incluso con un Brasil de otra lengua romance. Ahora Trifonov se vuelve hacia América Latina y el Caribe. Entre grandes obras y pequeñas formas, la producción, doble, propone una geografía musical en la que ocupamos un espacio apreciable.

Apasionado de lo nuestro

La nueva propuesta de Trifonov, ruso de nacimiento y dominicano por naturalización, tiene historia local. Lo cuenta él mismo en el libreto que acompaña la grabación: «Siempre me ha encantado la salsa, el merengue y el resto de la música popular latina. Este interés se convirtió en una inmersión durante la pandemia de la Covid en 2020. Mi familia y yo estuvimos aislados durante meses en la República Dominicana, el país natal de mi mujer. Nos casamos en la República Dominicana (¡fue justo entonces cuando aprendí a bailar el merengue!) y viajábamos allí con frecuencia. Pero fue durante aquel periodo del confinamiento, mientras estaba preparando El arte de la fuga de Bach para futuros recitales, cuando por fin encontré tiempo para descubrir un montón de obras de música para piano latinoamericana de gran calidad».

¡Vaya paradoja! Mientras el mundo cerraba sus puertas, Trifonov encontraba partituras. El encierro que interrumpió conciertos y desplazamientos le facilitó una exploración cuyos frutos llegan ahora al público. Nuestra isla fue, además del refugio familiar, la atalaya desde donde comenzó a mirar musicalmente el continente.

En El vals de Santo Domingo, de Bullumba Landestoy, destaca, según The Classic Review, el lirismo romántico de su lectura, la ternura y una melancolía tenue. Trifonov transforma la pieza en una evocación íntima, mientras el movimiento del baile sostiene una melodía con urgencia de vocalización. Nuestra capital, primada de América, puede imaginarse entonces desde la memoria y el afecto, con la distancia que vuelve entrañables ciertos recuerdos. No es casual que una colorida foto del artista en la zona colonial abra el folleto que acompaña la grabación.

De Juan Francisco García escogió Sambumbia n.º 1, subtitulada Rapsodia dominicana, que agota casi nueve minutos. La relación con el compositor, fallecido en 1974, tiene además una explicación del propio Trifonov. En una entrevista con BR-Klassik, la describió como una obra especialmente significativa para él por la manera en que reúne danzas tradicionales y formas clásicas.

En la cocina dominicana, la sambumbia mezcla alimentos diversos en forma de guiso, sopa o revoltijo. La Rapsodia es precisamente eso: un cocido exuberante de ritmos al que no le falta sazón criollo. Trifonov recuerda que su parte final incorpora el merengue, el baile que compartió con su esposa en su boda. Definitivamente, la cadencia dominicana pertenece también a la biografía del pianista de estatura global.

Piano y jazz encendidos

Por Norberto Rubio

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